Tratado esencial sobre un

Verano Loco

Anatomía de un naufragio emocional

La vida solía ser un río tranquilo. Y de pronto, no.
De pronto el agua se vuelve mar, el mar se vuelve tormenta, y uno descubre que el barco tenía menos casco del que parecía.

Eso que te está pasando, tiene nombre

No estás loco. Estás veraneado.

Parte 1

Qué es el Verano Loco

No es un manual de autoayuda. No es una guía terapéutica. No es un método para superar una ruptura ni una receta para volver a amar.

Es un tratado, sí. Pero un tratado al estilo de las viejas conversaciones de bar: parte teoría, parte chusmerío, parte humorada, parte lágrima. Una forma de ponerle nombre a algo que a muchos les pasó —o les pasa, o les va a pasar— y que mientras sucede parece único, irrepetible, vergonzoso, eterno.

Lo definimos así: un estado emocional alterado, transitorio y profundamente humano, en el que una persona, después de una ruptura, abandono, engaño, decepción o cualquier sacudón amoroso lo bastante fuerte, deja de comportarse como normalmente se comporta.

No es un signo de debilidad. Le pasa al fuerte, al que se cree experto, al que ya se rió de un amigo por lo mismo hace cinco años. Es democrático, despiadado e indiferente al currículum.

El VL no se cura. Se atraviesa. Y aunque uno crea que sale, algo siempre queda. No buscamos curarte: buscamos acompañarte para que no te hundas más de lo necesario.

Parte 2 y 3

El océano embravecido

No es una escalera. Es un mar.

El Verano Loco no avanza prolijo, de una etapa a la siguiente. Las olas vienen juntas, se pisan, se mezclan y vuelven cuando menos las esperás: se puede negar la realidad un lunes, investigar como Sherlock Holmes un martes, planear una reconquista el miércoles y recaer el viernes a la noche.

La razón del veraneado no se va. Se queda muda en un rincón, viendo las decisiones que toma el resto.

Antesala: las señales no vistas La negación La reconquista El Vigía La fabulación Sherlock Holmes El interlocutor múltiple Las humillaciones Las respuestas esotéricas El falso control La claridad absoluta La recaída El eremita

Cada ola tiene, en el libro, su señal de alerta para los amigos y su primer auxilio veraneado.

Historias reales del libro

Casos testigo

Nombres cambiados. Vergüenzas intactas. Así empezó todo esto: alguien contó una historia en una sobremesa y otro dijo «a mí me pasó algo parecido».

«No vengas. Me quedo a vivir acá.» Así, sin anestesia, después de catorce años.El Bahiano
Un lavarropas que él jamás iba a llenar. Doce cuotas de su propia caída.Marcos y las pasiones
Corrió el colectivo a los gritos. El chofer, por suerte para todos, no le hizo caso.Luisito, alias el Sr. Invierno
«Clara, vos estás en pleno Verano Loco.» El confundido, en realidad, era él.Reinaldo y las muñecas rusas
Había inventado él mismo el término Verano Loco. Y aun así, no se reconocía adentro.Jorge, el corredor nocturno
Lavarse el pelo con champagne. Llevar la bebida favorita de la ex. La fe, vendida con factura.El Chamán
Escribía el Padre Nuestro en la pared, en diagonal, en un idioma que no era el suyo.Osvaldo y el verano espiritual
«Ángel está entrando en VL», escribió al grupo. Con eso alcanzó.Ángel y las repeticiones
Se acostaba a las ocho de la mañana. Se levantaba a las cinco de la tarde. Un eremita en Palermo.Ramiro, el eremita

La hermandad de los lectores

La Bitácora

Fragmentos reales que nos fueron llegando. Recortes de otros naufragios, para que veas que no sos el único.

Le borré el número tres veces. Las tres veces lo volví a anotar en un papel.— Anónimo, 29 años
Pasé por su cuadra "de casualidad" cuatro días seguidos. Ninguno fue casualidad.— Anónimo
Le dije a mis amigos que estaba perfecto. Lloré en el auto antes de bajarme.— Anónimo, 34 años
Fui al chamán. Volví con el pelo duro y sin ella. Al menos el pelo se me pasó.— Anónimo

Esta sección se actualiza a mano con fragmentos que la gente nos manda. Si contás tu historia más abajo, puede terminar acá (siempre anónima, salvo que digas lo contrario).

Mensajes en una botella

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¿Te está pasando ahora o ya lo atravesaste? Escribinos. Nadie te va a decir qué hacer, pero te vamos a escuchar.